Las últimas seis religiosas, la mayoría de edad muy avanzada, serán reagrupadas en abril de 2019 en el convento de Nuestra Señora del Buen Consejo, en Notkersegg: «cuando ingresé al convento, hace ya cincuenta y ocho años, yo era la cuadragésima hermana», recuerda, con un dejo de nostalgia, la Madre Gabriela Tinner, la última superiora del convento de Santa Escolástica.
La historia del monasterio comienza en 1617 con la fusión de dos comunidades de beguinas en Rorsbach, que pronto se integraron en la orden capuchina. Cada vez más próspera, la comunidad se mudó en 1905 a Tübach, a un conjunto de edificios donde dominan los estilos románico y gótico.
Pero el número de religiosas fue disminuyendo con el tiempo, y la primavera postconciliar en Suiza, como en el resto del mundo, no dio los frutos que se esperaban.
Un lamentable repliegue que el islam, por el contrario, no ha experimentado en el cantón de Saint-Gall, donde incluso se inauguró una mezquita gigantesca – sin minarete, debido a una iniciativa popular – el 13 de mayo de 2017, una fecha sumamente simbólica para todo aquel que conoce la historia de Fátima.
A partir de esa fecha, seiscientos musulmanes se reúnen todos los viernes para hacer sus oraciones.
Sin duda alguna, la asistencia será infinitamente menor en la última misa celebrada en el convento de las capuchinas de Santa Escolástica el 24 de marzo de 2019, por Monseñor Markus Büchel, vicepresidente de la Conferencia Episcopal de Suiza.
