La sociedad civil está completamente desprotegida por la clase política actual, y ello porque los partidos que encarnan el conglomerado parlamentario piensan más en ganar votos que en solucionar los problemas de nuestro país. La Democracia y el Estado de Derecho están seriamente comprometidos desde hace décadas por una sistemática perversión bipartidista del sistema, mientras, los que decían que venían a poner solución se han diluido en el vicio y con el vicio, de forma que la convicción y propuesta con la que arrastraron masa electoral, no ha sido sino un fraude más.
Analizando con amplitud y objetividad la práctica del pluralismo del artículo 6 de la Constitución llegamos a la conclusión de que no se cumple, (uno más), ya que resulta obvio que no “concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular”, porque aunque así se disponga en el precepto constitucional, el engaño se sigue basando y articulando con reducción de la democracia, confundiéndola con derecho a voto, para una vez votados y alcanzados sus escaños utilizar la representación para defender los intereses de las propias formaciones obviando la soberanía popular, ninguneando a los representados y al interés general, sin olvidarnos de los que no respetan la Constitución y la Ley y tampoco de aquellos que se presentan como salvadores y en su estructura interna y funcionamiento no son democráticos, lo cual no es sino una traición de inicio al referido artículo de nuestra carta magna.
Comprobar como los partidos se segregan, escinden, captan, se contradicen, ocultan, omiten, interfieren e influyen de forma torticera a su interés, resulta hasta grosero y todo ello para garantizarse el estar y seguir estando por encima de una delegación que supone velar por la estabilidad y prosperidad de todo un país.
España necesita una alternativa que genere mayorías entorno al sentido común , que defienda , disponga y garantice la aplicación de la igualdad de todos ante la ley, que proponga y apruebe normas de orden y equilibrio, que excluya el sesgo ideológico por abstracto, contaminante y generador de odio, trabajando con transparencia para impedir que todos aquellos que han perturbado el sistema, los que se sirvan del mismo y los que tengan puestas sus expectativas de futuro en el “manejo” de un engranaje aparentemente democrático (cuando es clandestino), sigan minando las instituciones para que nadie penetre en esa esfera y núcleo de poder y, de esta forma seguir “disponiendo a sus anchas”. No son sino un régimen de “compinches”, cumpliendo cada uno de los puntos de corrupción que explica el Autor Haroldo Montealegre en su libro “Los siete elementos claves de la Democracia”.
Ningún partido político de los actuales depuraría íntegramente el sistema, (partiendo de la base que procurarlo en su totalidad es prácticamente imposible porque existen redes perpetuas y muy ocultas), y si bien es cierto que unos lo harían mejor que otros, no podemos olvidarnos de los antecedentes de cada cual, que en muchas ocasiones constituyen sus peajes, hipotecas respecto a sus actos futuros, y con ello la definición de propuestas más de cara a la galería que efectivas. ¿ Por qué ninguna formación habla de las piezas estratégicas “colocadas” por unos y otros en las instituciones y organismos, con objeto de un control manipulativo? ¿No existen, o no les preocupan? La inacción y el silencio a estos efectos asume la metástasis de la democracia, pero nadie nos dice que si bien con cada elección podemos cambiar de tratamiento, no se está abordando la cura.
España es un país enfermo con una Democracia que nos publicitan plena cuando ni siquiera es Democracia, con un estado de derecho que se viene destrozando desde todas las direcciones y poderes, por invasión, permisibilidad y “colaboración”, con políticos que se traicionan a sí mismos, (aún arrastrando masas en redes sociales o con discursos directos en tribuna de oradores de sedes parlamentarias ) ya que cuando sus formaciones parecen quebrar dicen haber perdido la ilusión por la política, publicitan la vuelta a su profesión, pero sólo hasta que les ofrecen la dirección de un organismo de los que no cesaban de criticar.
España necesita esta alternativa, para realizar las reformas precisas durante dos legislaturas, para instaurar por fin la Democracia, garantizar la separación de poderes, poner de manifiesto y lograr el cese de todo aquello que supone la perversión del sistema, y conseguir que el arco parlamentario sea de representantes y no un congreso semanal de empresas privadas viviendo de lo público y traicionando el interés general en cada sesión, además de dilapidar las arcas del estado.
Dos legislaturas, porque la historia nos ha mostrado que el poder corrompe y hay que evitar tentaciones de perpetuidad, por lo que una vez acometida la obra de urgente necesidad, cada uno debe volver a su profesión, la misma que les habilitó para depurar el sistema.
Jaime Company– Abogado. Presidente de CIVyD Civismo y Democracia
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